No los limitemos; que cada quien se ponga sus limites...

No los limitemos; que cada quien se ponga sus limites…

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Cuando solemos hablar o simplemente pensar en discapacidad, oficialmente se habla de «grado de discapacidad», asignando un porcentaje a ese grado.

A veces como padres; y hablo ahora en primera persona, como padre de un niño con discapacidad, nos suele dar un poco de ansiedad cuando le van a asignar ese «grado» de discapacidad a nuestro hijo. Tal vez pensemos que lo estamos etiquetando, marcando o hasta cierto punto estigmatizando.

Hace años cuando me tocó afrontar ese momento, he de admitir que no quería que mi hijo tuviera o se le asignará un grado de minusvalía o discapacidad. Posiblemente era parte del proceso de negación ante cualquier problema o impedimento que pudiera tener mi hijo. Me costó muchísimo aceptarlo, pero que ahora, años después admito que era necesario y que, además, el tener ese grado de discapacidad es importante para tener ayudas económicas o a la movilidad, que ciertamente nos hacen la vida un poco más fácil.

Así que mi consejo a todos los padres y madres, es que lo afrontéis con la normalidad que debería tener, pero que tal vez por nuestro amor a nuestros pequeños, no queramos o nos cueste tomar ese camino.

Hoy, en el día de la discapacidad, extiendo un abrazo de hermandad, de respeto y de admiración a todos los discapacitados y a sus padres y madres, ya que los discapacitados pueden hacer todo aquello que se propongan, a pesar de que por su condición pueda costarles un poco o mucho más esfuerzo, o simplemente lo hagan de una manera distinta.

A veces la condición de discapacidad no es más que una expresión que podría hacer referencia a una capacidad diferente de hacer las cosas, o de poder realizar las cosas pero de otra manera.

En realidad el mayor condicionante que hay ante una discapacidad, en muchos casos, no es más que la misma sociedad. Somos nosotros mismos, la sociedad, la que impone barreras ante una discapacidad, ya que todos, padres, maestros, escuelas, empresas y gobiernos, tendemos  sobreproteger al discapacitado. Pero no a sobreprotegerlo dotándolo hacia su libertad o autonomía, sino limitando su autonomía a lo que «pensamos» que es su «tope» o limitación, simplemente porque así lo decidimos, cuando en realidad es el discapacitado el que sabe cual es su limite y el que debe ponerse a si mismo los limites que crea oportunos.

Un ejemplo a mis palabras es como si yo, Marco Casas me quisiera apuntar a un Ironman, una carrera que no todos lo que la hacen suelen acabar por el nivel de exigencia de la prueba. Se que no estoy preparado para hacer una carrera de esa envergadura, así que -yo y solo yo- he de saber que no puedo apuntarme a un Ironman con mi condición, al menos no antes de haber entrenado lo suficiente para afrontar tal reto.

Dicho esto, mi consejo como padre y como presidente de Pequitos es que facilitemos la vida a los discapacitados, pero no los limitemos; que cada quien se ponga sus limites.

Pasito a pasito y con esfuerzo, hagamos juntos el camino!

Marco Casas Cervelló

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